Adriana López Sanfeliu

RETRATOS DE FAMILIA
Elvira Lindo

Adriana es una contadora de historias. Lo supe cuando a bordo de una caravana que nos llevaba de un lado a otro de Manhattan en el pasado otoño me habló de sus dos “familias”, la familia latina del Spanish Harlem y la familia gitana de Barcelona. Hablaba como si fuera inevitable que ya formaran parte de su vida y hubiera una implicación emocional en su trabajo. Eso es lo que se aprecia en esta primorosa colección de retratos familiares. Su manera de mirar al ser humano contiene el respeto por el otro de la observación antropológica, pero a esa cualidad hay que sumarle otra riqueza que proviene más del corazón que de la pura técnica: la empatía con los retratados, la virtud de haber conseguido que posaran ante alguien en quien confían. Eso precisa tiempo. No se puede hacer en un día o en dos, no se puede conseguir en un mes. Adriana Sanfeliu ha tenido la paciencia y el coraje de comprometerse en proyectos a largo plazo. Son años en la vida de sus personajes y años en su propia vida.

Esta exposición es una novela. Contiene los distintos capítulos del ciclo humano: el juego infantil, el amor juvenil, la boda, el embarazo, la crianza, la madurez, y el último acto. Todos los pasos de la escalera vital que retrataban los antiguos están presentes, con una especial atención a la figura femenina, a los cambios que la experiencia va provocando en el cuerpo y la mirada.
Lejos de querer retratar a personajes de mundos marginales, ha entrado en sus días de diario, ha convivido con ellos, se ha convertido ella misma en un personaje familiar y ha esperado a que el momento mágico de la intimidad surgiera.

Retratar la intimidad no significa sólo entrar las alcobas. Hay, en estas fotos, una intimidad callejera, de vida de barrio o de descampado según los casos. Lo íntimo está presente en esa imagen del pañuelo manchado de la novia gitana o en el vientre abultado de la hispana, pero también en los juegos de los niños o en la manera en que una joven a punto de casarse mira a la cámara con una sinceridad desasistida e inocente. Esas miradas sólo el tiempo puede captarlas, los años y el convencimiento de que el fotógrafo no ha de colocarse en una posición superior a la del retratado, porque quien mira es otro personaje más de esa comedia humana.

Conociendo a Adriana Sanfeliu imagino que a la pericia estética habrá añadido su peculiar dulzura y su naturaleza tranquila. La espera ha merecido la pena. Tenemos aquí la vida misma, el curso del tiempo. Con la singularidad de que quien tomó los retratos es un miembro más de estas familias.

Conversaciones con mi mentor, Gilles Larraín

A oscuras, en el darkroom, ampliando el retrato de la hija de una amiga…

“…vivir con la Fotografía es una Aventura, una forma de observar el mundo….
Tomas una foto un momento y, a veces, años después, vas al cuarto oscuro y estas enfrentado a esta presencia. Acá está ella, al revés, en negativo. Ya me habla esto, ves? Cuando tomé la foto, no la conocía; quien eres tú?
Es una gitana de Bulgaria adoptada por mi amiga Juliana, cuando tenía cinco años. Ahora tiene ocho años. Esta chica tiene duende. Para ella yo soy un espejo que le permite ser mirada. Un espejo activo, con energía, cariño, curiosidad.

Esto es lo que haces tu también, esa experiencia del retrato, incluso una naturaleza muerta, un paisaje…hay que esperar la hora buena o la mala, que permite contrastes y contradicciones.

Nada de esto es perfecto. La perfección no existe. Las fotos perfectas tienen, para mi, una vida muy corta. Miro una vez, tienen interés, en la segunda mirada ya estoy aburrido, en la tercera; ya no hay más. De una fotografía espero sorpresas, algo que me emociona, me toca, me dice algo, me habla, me despierta curiosidad, me permite acercarme de una forma íntima, personal, secreta.

Estamos en un planeta dando vueltas en el espacio y nada es fijo, permanente.

La Fotografía es un forma de captar la permanencia de un momento que tiene energía propia. La fotos que de verdad me emocionan y me dan un placer profundo son las que te hablan despacito, un murmuyo al oído. Fotos que miras una y otra vez… y esa foto crece. Eso es lo que espero de una fotografía, una sorpresa continua. Paul Strand, Stieglitz…sus fotografías tienen una historia que sigue, en este mundo en que todo cambia tan rápido, donde todo se altera , se confunde…

Aquí estamos en el cuarto oscuro, tranquilos…mirando esta foto. Es un momento privilegiado. Esta chica que no esta acá pero esta acá.

Adriana, lo que tenemos en común es que somos humanos, tenemos una cultura paralela. Tenemos mucha suerte y por eso tenemos que hacer un trabajo muy honesto y auténtico. Poderte acercar al sentimiento profundo de lo que haces, sea lo que sea. Tu trabajo esta evolucionando. Tienes sensibilidad. Tienes mucho cariño por la gente. Tienes grandes capacidades humanas. Esto es muy importante porque hay que acercarse a la gente, saber hablar, comunicar y saber cómo conducirte para que algo verdadero aparezca en una imagen. Ocúpate de hacer cosas que corresponden a tu sensibilidad y hacer cosas que queden.

Mira este libro que vuelvo a publicar cuarenta años después; Idols.

Me siento feliz de poder inspirar. Esas son las fotografías que me gusta hacer y quiero seguir haciéndolas. Si tu llegas a ese punto, estarás en un momento muy agradable; satisfecha, tu as accompli quelque chose, qui est phénoménal, phénoménologique, humain, nécessaire…voilá.

Lo que tiene tu trabajo es que eres capaz de integrarte, de forma muy humana, en diferentes mundos que no son el tuyo. Mundos ajenos, extranjeros para ti y tu vida. Con tu calidad humana, tu cariño, humor, curiosidad llegas al punto en que la gente se abre. En tus fotos has llegado a tocar momentos muy buenos, algo personal.

Es muy largo el camino Adriana, and there is not instant Photography. El camino de la fotografía profunda es un lenguaje con una sintaxis, una gramática, un estilo de escribir, una idea.

Es muy lógico que mas adelante, tu trates de ir mas profundo en la mina humana, para sacar el oro que está escondido. Entrarás en el paisaje interior, sin contexto. Como hice yo con los personajes de Idols, fotografiados en un espacio limitado, sin referencias del mundo exterior. Una esencia de la presencia.

Para conocer a Gilles un poquito más a fondo visita www.gilleslarrain.com

Los Salazar

En España convivimos con el pueblo Gitano desde hace mas de 500 años.
El desconocimiento profundo de esta cultura refuerza la distancia que los separa de nuestra sociedad.
Los Salazar es un ensayo fotográfico sobre los roles de la mujer como hija, esposa y madre en una familia tradicional gitana.

En la cultura gitana el matrimonio llega durante la adolescencia. La boda se celebra como un rito de iniciación en el cual la joven es desflorada, en manos de una gitana mayor, para honrar a su familia con la entrega de su bien mas sagrado: la virginidad.

Tras esta iniciación la joven se incorpora al clan como mujer y futura madre.

La identidad gitana esta basada en la perpetuación de un legado cultural, supervisado por la autoridad del grupo: el patriarca.

Juan Antonio Salazar, el patriarca de esta familia gitana, me abrió las puertas de su hogar. Esta serie es el resultado de siete años de amistad.

Los Salazar es mi testimonio sobre la encarnación de la ley gitana a través de la mujer, la garantía de permanencia de esta cultura y raza. Es una búsqueda del paisaje interior de la mujer gitana mas allá de su papel fundamental en la identidad del grupo.

Life on the Block

La sociedad de Estados Unidos es un mosaico de culturas conviviendo bajo un mismo cielo.
El 13% de este país es hispanoamericano. Un tercio son familias puertorriqueñas que llegaron a la metrópoli en busca de un futuro mejor.

Las mujeres de estas familias son los pilares del círculo de la supervivencia.

Durante seis años (2002-2008) he documentado las vidas de tres jóvenes madres puertorriqueñas que viven en Spanish Harlem, Manhattan, Nueva York.

Un barrio de 100.000 habitantes, con uno de los índices más altos de desempleo y delincuencia de la ciudad, en el que el hombre se ausenta del núcleo familiar y la mujer se aferra a la vida a través de la maternidad.
Ellas son los potenciales motores de cambio en esta sociedad.

Durante este tiempo he podido ver su apego incondicional a un barrio, una calle; la 103. Su calle se convierte en frontera física y psicológica. Su hogar es a su vez un espacio protegido y un obstáculo para alcanzar nuevos horizontes.

En el desarrollo de este ensayo fotográfico he constatado el deseo de ellas de ampliar sus fronteras y su incapacidad para lograrlo. Sus vidas reflejan la frustración del sueño americano (the american dream).
Este trabajo es un testimonio del papel de la mujer en una cultura machista, su posición como latina en una sociedad de “blancos” y su rol como madres de las nuevas generaciones de Los Estados Unidos América.

Agradecimientos

Agradezco de todo corazón el apoyo, complicidad, inspiración y amor de mi Familia, mis queridos amigos de aquí y de allá, que son muchos y preciosos, mis mentors; Gilles Larrain, Andre Lamberston, John Davidson, los grandes maestros artísticos y espirituales que me iluminan el camino y a las personas (Los Salazar, Amy y Cope, Mickey y Midget, Mercy, Sheyla, Chuito y Zee) que han abierto sus hogares, sus vidas, para compartirlas conmigo y con vosotros. Gracias again and again