Helena Toraño

Las Horas Libres
María Toraño

Imagínate que de repente dispones de un tiempo que no esperabas. Que por sorpresa no tienes que ir a trabajar o que un fin de semana que se preveía repleto de eventos, de pronto, se queda sin compromisos que atender.

Uno de los mayores placeres que pueden existir, y así nos lo transmite Helena Toraño en esta exposición, es la capacidad de elegir qué hacer con tu tiempo. De ahí que las obras que componen “Las horas libres” se conviertan en una reivindicación de las pasiones personales que se disfrutan de forma individual.

La soledad entendida como gozo.

Nada de viajar lejos o de llevar a cabo grandes excentricidades. La lectura, la música, las plantas, o los animales se convierten en protagonistas de esta muestra, que realza el universo pictórico de la joven artista, cargado siempre de infinidad de detalles curiosos y evocadores.

A veces podría parecer que nos paseamos por una película de Éric Rohmer: todo lo cotidiano sublimado; otras, atisbamos retazos de la figuración naïf de David Hockney; reconocemos a Henri Rousseau en la frondosa y variada naturaleza, o recordamos a Félix Vallotton en el dominio del color frente a la luz y en ese halo de melancolía.

Si nos detenemos en los personajes, una referencia añadida que nos vendrá a la mente es la de Edward Hopper. Hay algo en los protagonistas de los cuadros de Helena Toraño que -en esta ocasión- los vuelve esquivos al espectador. Ninguno nos mira. Todos están perfectamente ensimismados en su ocupación. Los objetos que contemplan se convierten en espejo en el que se miran con pausa y, a la vez, nosotros podemos vernos reflejados en ellos.

Aquello que coleccionamos, los libros, la música y la naturaleza que nos rodea no serían nada sin esa mirada detenida. Son los ojos de quien observa los que dan valor a todo ese universo inanimado y, en el proceso, aprendemos, sumamos experiencias y acumulamos infinitos momentos de belleza (tan subjetiva) que amortiguarán la cotidianeidad, la rutina, el día a día de estrés, prisas y tareas pendientes.

Eso mismo sucede, precisamente, cuando contemplamos los cuadros de esta exposición; y de paso volvemos a recordar que nuestras horas libres son las horas de nuestra verdadera libertad.

¡Disfrutémoslas!