Rafael Caballero Almendáriz

La aventura de la pintura
Lola Crespo
Madrid, marzo 2016

“Si pudiera decirlo con palabras no habría ninguna razón para pintarlo”
Edward Hopper

En la época del auge de los “no lugares” elevados a categoría de paradigma del hombre de hoy por el arte contemporáneo, Rafael Caballero reivindica a través de sus paisajes la identidad, el derecho a ser y pertenecer a un espacio único que en cierta forma le define y le aleja de estereotipos más menos impuestos o aceptados por el omnipresente pensamiento único. Y es que de un tiempo a esta parte, para ser más exactos desde que se decretara la muerte de la pintura, ser pintor se ha convertido en una suerte de declaración de principios, ya lo decía en su día el recordado Dámaso Santos Amestoy con su particular sentido del humor “artista puede ser cualquiera, pintor ya es otra cosa”, ironías aparte tal vez el crítico se refería a que la pintura, al igual que su hermana la poesía, es una cumbre de difícil acceso reservada solo a aquellos capaces de abordarla desde la más sincera convicción y determinación. Pinto luego existo o dicho de otra forma, se pinta como se es, en cualquiera de los casos al pintor le va la vida en ello y solo aquel que lo sabe y lo acepta será capaz de construir su obra. El que fuera maestro de Chema Peralta y Alberto Pina, y de otros muchos, el ya desaparecido pintor Francisco Cortijo, solía advertirles que era más difícil aprender a ser pintor que aprender a pintar, transcurrido tiempo suficiente parece que ambos comprendieron la lección y hoy son dos pintores reconocidos con la obra en marcha. En pocas disciplinas resulta tan esencial la figura del maestro como en la pintura, la historia está repleta de ejemplos que lo atestiguan.
El largo preámbulo viene a cuento porque en 45 km, la primera individual de Rafael Caballero en Utopia Parkway vemos a un constructor de paisajes que ha emprendido la aventura vital de pintar. Atmosféricos, casi acuosos, estos cuadros invitan al espectador a un viaje misterioso por un territorio infinito, el de nuestra imaginación.

Paisajes
Carlos Madrigal

La contemplación de los paisajes de Rafael Caballero Almendáriz nos obligan a aceptar las claves poéticas de su estética pictórica.

La referencia a lugares concretos queda sublimada mediante el uso abstracto de los colores y de la materia pictórica, de tal forma que la realidad es sólo expresión del sentimiento.

Estos cuadros te transportan a una suerte de lirismo metafísico; la mirada se sitúa a una distancia espiritual similar a la sentida ante algunos cuadros expresionistas abstractos de Mark Rothko.

Es esencial para tener esta mirada de Pintor la bondad y limpieza interior y también la ausencia de vanidad, virtudes que, por su rareza, me emocionan al denotarlas y son signos distintivos del artista creador.