Damián Flores

LA VIDA ARQUITECTONICA DE LUIS GUTIÉRREZ SOTO
Fernando Castillo

La relación de la pintura de Damián Flores, artista ya de largo recorrido, con la ciudad y con su expresión formal, la arquitectura, es amplia y conocida. Una vinculación que ha tenido especial intensidad en el trato al alimón y compartido de la arquitectura racionalista y Madrid, aunque haya en su pintura otras urbes –Nueva York, Caracas, Paris, Roma, Bilbao, Barcelona…– y otras inquietudes, desde el retrato a las estaciones. Ahora, tras haberse ocupado de los arquitectos de la Generación del 25, desde García Mercadal a Sánchez Arcas pasando por Lacasa, Bergamín o Arniches, del ingeniero del 25, Eduardo Torroja, de espacios como la Gran Vía o de sus admirados Le Corbusier y Aizpurua, ahora, decíamos, le toca el turno al arquitecto madrileño Luis Gutiérrez Soto (1900-1977 ), de quien ya había pintado con anterioridad varias obras tan destacadas como el cine Barceló, el club Casablanca, de inolvidable palmera en la fachada, o el Bar Chicote, con retrato incluido de su autor.

Es este personaje, brillante y contradictorio, l’enfant terrible de la arquitectura de los años centrales del siglo pasado y uno de los que ha dado el tono al Madrid de la modernidad, sembrando la ciudad de edificios de referencia. En esta exposición que se inaugura en la galería Utopia Parkway, con el titulo La vida arquitectónica de Luis Gutiérrez Soto, el artista Damian Flores se acerca a los trabajos de este arquitecto en Madrid, pero también en Valencia, Barcelona o Cádiz. Son treinta óleos que además de recoger diferentes obras de Gutiérrez Soto –a veces no muy conocidas, cuando no desaparecidas–, suponen también una particular aproximación a la modernidad, a la España de la Edad de Plata. En estas obras de Damián Flores, en las que siempre hay ecos de Hooper, Sironi, o de Chirico, están presentes las inevitables arquitecturas de referencia que identifican a Luis Gutiérrez Soto formando un catalogo. Así, en la exposición de Utopia Parkway, galería tan próxima a alguno de los edificios pintados, hay cines, bares, cabarets y cafés, hay estaciones, aeropuertos y aviones, hay neones de tipografía vanguardista, hay esquinas redondeadas y de faro, pero también, siguiendo el rastro del diseño, pues hay interiores a los que el diseño de Gutiérrez Soto les da carácter de obra arquitectónica.

En suma, una exposición documentada y trabajada, que mediante una obra variada, remata las muestras dedicadas a la arquitectura racionalista y a sus arquitectos, iniciadas hace más de una década.