Paula Candela

Chromadtic
Lola Crespo

En Utopia Parkway estamos encantados de presentar nuestra primera exposición de arte digital, Chromadtic de Paula Candela. Antes de nada advertir que aunque a primera vista pudiera parecer que estas obras están en disonancia con nuestro estilo, claramente basado en la pintura, nada más lejos de la realidad, ya que son varios los aspectos que entroncan con nuestro trabajo, el primero el interés por la arquitectura y más concretamente por la urbana de la que la galería cuenta con numerosas exposiciones que nos han acercado a Paris, Berlín, Nueva York, a un largo etcétera y sobre todo a Madrid y es aquí donde volvemos a encontrar un interés común con esta exposición de Paula Candela que muestra algunos de los edificios icónicos de la ciudad como nunca antes se habían visto. La artista que estudia en Madrid Ingeniería de Diseño Industrial y Bellas Artes encuentra durante una estancia en la Universidad de San Diego (California EEUU) un lenguaje que le permite aunar ambas disciplinas poniéndolas al servicio de su creatividad. De esta época data un mural, premio a un concurso sobre la inclusión, en el que ya se pueden observar las líneas maestras que definen su trabajo, un característico sentido del color y una gran capacidad para traducir ideas directamente a emociones.

El criterio de elección de los doce edificios de los que se compone Chromadtic se reduce de forma exclusiva al gusto por ellos de la artista y de nuevo volvemos a coincidir, la exposición propone un trayecto por Madrid a través de algunos de los arquitectos que han dejado su huella en ella. Mención especial para la “La Pagoda” de Miguel Fisac, derruida irresponsablemente sin que nadie fuera capaz de impedirlo que sin embargo y pese a todo permanece en el imaginario colectivo incluso de los que no la conocieron, reinar después de morir se llama a eso, hay que agradecerle a Paula que la haya resucitado y nos la haya traído de nuevo, junto a ella otras 11 más, como nunca las habías visto.

CHROMADTIC
Paula Candela

Desde muy pequeña entendí el arte como un lugar donde la realidad podía ser suspendida y reconfigurada. En ese momento mi forma de conectar con ese sentimiento era la pintura. Con el tiempo, esa intuición inicial se ha ido transformando en un proceso más consciente, donde crear se convirtió en interpretar y reconstruir lo que nos rodea.

Siempre he sentido que convivían en mí dos formas de pensar muy distintas: una más estructural y técnica, y otra más intuitiva y visual. Esa dualidad me empujó a formarme tanto en Ingeniería de Diseño Industrial como en Bellas Artes. Y con el tiempo, comprendí que no eran mundos opuestos, sino complementarias y que mi proyecto artístico estaba surgiendo precisamente de esa tensión.

Durante un año tuve la oportunidad de estudiar en San Diego (California, EE. UU.), una experiencia que supuso un punto de inflexión en mi manera de crear. Fue allí donde entré en contacto con el diseño gráfico desde una perspectiva más consciente y estructurada. La teoría de la composición, la jerarquía visual o el uso del color dejaron de ser intuiciones para convertirse en herramientas capaces de construir significado. La precisión de lo digital abrió un nuevo campo de trabajo: un lugar donde la imagen no solo se crea, sino que se articula.

A esto se suma una fascinación constante por la arquitectura, entendida no solo como espacios, sino como formas construidas con capacidad simbólica. Me interesa esa condición dual, donde lo físico y lo intangible conviven. Muchas veces la percibo como una práctica artística a gran escala, una forma de imagen habitada que transforma no solo el entorno, sino también la manera en que lo experimentamos.

Mi trabajo se inscribe en una tradición que entiende la forma y el color como elementos autónomos de construcción visual. Dialoga con movimientos como la Bauhaus o De Stijl, donde forma y color se entienden como estructuras autónomas. En ese sentido, hay una resonancia con el Pop Art en la manera de partir de iconos y desplazarlos hacia nuevos significados y representaciones, aunque en este caso esos iconos pertenecen al ámbito arquitectónico. Al mismo tiempo, encuentro afinidad con el pensamiento gráfico de figuras como Paula Scher, Paul Rand o Saul Bass, donde la síntesis no implica simplificación, sino una forma de condensar complejidad y de hacer visible lo esencial.

Chromadtic parte de una selección de edificios de Madrid, mi ciudad natal, que en distintos momentos introdujeron gestos de ruptura dentro del paisaje urbano. Arquitecturas que fueron pensadas para destacar, para alterar la percepción de la ciudad y que han sido reconocidas nacional e internacionalmente.

Símbolos del paisaje madrileño que en su momento se atrevieron a imaginar de otra manera la arquitectura contemporánea. Desde obras emblemáticas como el Hipódromo de la Zarzuela, declarado Bien de Interés Cultural, hasta arquitecturas experimentales como Torres Blancas de Sáenz de Oiza, el Edificio Mirador, La Pagoda de Miguel Fisac o el Pabellón de los Hexágonos, premiado en la Exposición Universal de Bruselas. Proyectos que han sido reconocidos y con el tiempo se han convertido en referencias que forman parte del imaginario colectivo.

Mi proceso creativo parte de la reinterpretación a través de la síntesis geométrica y la reducción formal con un lenguaje visual propio quedándome con aquello que considero esencial, eliminando elementos como la materialidad, la escala o el contexto.

El color se convierte entonces en un elemento central. No aparece como algo descriptivo, sino como una lógica que organiza la obra. La paleta parte de los sistemas RGB y CMYK, que están en la base de la producción visual contemporánea. Me interesa esa reducción a lo primario, a lo esencial, de la misma manera que se hace ese ejercicio con las formas.

En todo este proceso, los edificios dejan de funcionar como espacios y pasan a operar como estructuras que pueden ser leídas desde una nueva mirada. Cada obra se articulan desde la tensión cromática, el uso de estructuras geométricas claras y una energía visual que remite al imaginario pop y ensalza iconos sin caer en lo anecdótico.

Cada edificio conserva su identidad, pero al mismo tiempo se integra en una continuidad que los pone en relación. Propone una nueva forma de leer la ciudad planteando una reflexión sobre cómo construimos la imagen de lo urbano y qué elementos permanecen en nuestra memoria. Chromadtic traduce iconos de la arquitectura madrileña a un lenguaje propio donde la forma persiste y el significado se reconfigura.